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O blog de josegp

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Las aplicaciones móviles están de moda

Se cumple la primera década de la expansión en España de la web 2.0 y se puede hacer balance. La web participativa y el dispositivo que permite llevarla a todas partes han cambiado de forma objetiva el mundo: En Occidente, la población dedica una media de más de cinco horas al día a su teléfono, según un estudio publicado en la revista PLOS One en 2015, mientras que otras investigaciones recogen que hasta un 46% de los ciudadanos asegura «tener muchas dificultades» para desarrollar su vida sin el móvil.

Hemos aceptado que la red tiene, si no más, el mismo valor que la realidad. Hemos acordado que tener acceso virtual a todo el conocimiento ya todas las personas es mejor que poder conocer sólo una parte pero de verdad. Las generaciones más jóvenes han mudado la mitad de sus vidas a internet y el resto parece haberlo aceptado. Los más alarmistas y tecnófobos hablan de plaga, de adicción o de generaciones perdidas. Los más tecnólogos admiten que el impacto social de esta innovación es mayor del que podrían calcular.

«A mí nadie me tiene que convencer de que estamos ante un problema de adicción cuando tenemos centenares de muertes al año por despistes por culpa del móvil o cuando se nos llena la sala de padres preocupados por sus hijos», afirma por teléfono el psicólogo barcelonés Marc Masip, quien dirige un gabinete especializado en desconexión digital.

De repente, la especie acostumbrada a hablar y a mirarse dejó de saber hacerlo bien. Numerosos estudios empiezan a alertar sobre los efectos que tiene cambiar rostros por pantallas para un animal que ha sobrevivido en grupo interpretando movimientos, expresiones y sonidos de sus congéneres. Buscando caricias de madre y abrazos de compañeros. «Todo esto ha sido seleccionado por la evolución como positivo. Eliminarlo va a traer consecuencias. Aislamiento, reclusión y abandono», sostiene Salvador Martínez, director del Instituto de Neurociencias de Alicante.

Buscamos el valor del contacto cara a cara en pleno auge del imperio social media.

Tres estudios realizados en las provincias de: 


La psicología lleva mucho tiempo ocupada con el impacto de las tecnologías en la sociedad y empieza a disponer de un cuerpo documental desde el que sacar conclusiones. Varios estudios han encontrado relación entre el uso de smartphones y pérdida de empatía, menor intensidad de los vínculos entre amigos y un nivel más bajo de disfrute de la propia vida.

Uno de ellos obliga a pensar en cómo se están criando los niños. Hace tres años, un grupo de investigadores de diferentes universidades de EE UU decidieron averiguar si los teléfonos y los videojuegos están reduciendo el «don de gentes» de los menores. Decidieron comprobar qué ocurriría si le quitaban a un grupo de chicos las pantallas, los sacaban al aire libre y aumentaran sus posibilidades de interactuar cara a cara. ¿Mejoraría su capacidad para detectar emociones en los demás? ¿Captarían mejor las expresiones de aprobación, rechazo, simpatía o rencor en los otros?

Para su experimento, seleccionaron a dos grupos y evaluaron sus habilidades empáticas durante cinco días, sólo que uno de ellos haría vida normal mientras que el otro pasaría ese tiempo en un campamento realizando actividades al aire libre como orientación y tiro con arco y sin acceso a ningún tipo de pantalla o dispositivo. El resultado confirmó las sospechas: los chicos del experimento «aumentaron significativamente sus habilidades en identificación de signos emocionales frente a los del grupo de control», según los resultados divulgados en la revista Computers in Human Behavior.

Los veinteañeros, asiduos a plataformas como Instagram, Facebook, Snapchat, Whatsapp o Twitter, también preocupan a los investigadores. La sospecha de que la calidad de las relaciones personales es menor si tienen lugar a través de videochats, llamadas o mensajes en lugar de cara a cara condujo a tres psicólogas de dos centros californianos a medir cómo de buena era en un experimento.
Hallaron que, efectivamente, las sonrisas, asentimientos, los gestos con las manos y otros indicadores de emociones positivas hacia el interlocutor -estudiaron también el tono de voz o el uso de emoticonos, mayúsculas o exclamaciones en las conversaciones sin vídeo- se disparan en persona pero van cayendo progresivamente si la charla se traslada a videochat, de aquí a la llamada de voz y desde el audio al mensaje instantáneo. El número de emociones en persona era casi diez veces superior a las que se registraron usando mensajes.

Tags: aplicaciones móviles   

por josegp, 12:22 11/12/2017