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Trozos del camino de Santiago

Quien no ha oído hablar del célebre camino de Santiago, mucho se ha escrito y hablado de tan ilustre camino que ya dese tiempos remotos recorrían los peregrinos de todo el mundo buscando sus distintas vertientes hasta llegar a Santiago y posteriormente a Finisterre.

Quien no ha oído hablar del célebre camino de Santiago, mucho se ha escrito y hablado de tan ilustre camino que ya dese tiempos remotos recorrían los peregrinos de todo el mundo buscando sus distintas vertientes hasta llegar a Santiago y posteriormente a Finisterre.Pero sin duda la mejor manera de conocerlo realmente es visitándolo, vivir con él los días   y sufrir el polvo y la fatiga del camino. Se puede disfrutar desde muchas vías, más tranquilas, por costa, desde Alemania o Francia, Portugal, en sus diferentes vertientes cabría destacar por su singularidad, belleza y por qué no, su punto de dificultad al “camino Primitivo”. Te lleva desde Oviedo a Santiago de Compostela atravesando la Cordillera Cantábrica, pasado de Asturias a Galicia por sus praus llenos de vaques, disfrutando del paisaje, de esos interminables y sombríos bosques de helechos y eucaliptus, y como no de su gastronomía y su deliciosa sidra, pasando a Galicia disfrutar de ese pulpo o el vino blanco de la comarca. Visitando conventos, catedrales, monasterios todos ellos con la magia y el encanto de los miles de años de antigüedad que atesoran por los que han pasado multitud de peregrinos de todas las épocas.El camino de Santiago no es solo una cura espiritual o como lo queramos llamar, sanar el alma o algo así, sino más bien mental, poder dejar los problemas cotidianos, el día a día y poder sumergirnos en ese fabuloso mundo de bosques en el que solo importa hacer un buen camino, tener comida, bebida y un techo al final de la jornada donde poder descansar y recuperar fuerzas para la siguiente jornada.Todo esto sólo es superado, por la llegada a Santiago de Compostela, a la plaza de Obradoiro, esa es la recompensa al esfuerzo diario hecho durante muchas jornadas, caminando muchas veces con los pies maltrechos, o con tirones musculares en más de una ocasión, todo ello se cura y se vuelve armonía en ese lugar mágico donde suenan las campanas de la catedral mezclándose con los sonidos de las gaitas.

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por dunga, 18:07 24/07/2017